Las botas

L

Silvia C.S.P. Martinson

João, ese era su nombre. Lo había recibido al bautizarse porque sus padres tenían una enorme fe en San Juan Bautista, quien en vida anunció la venida de Cristo y era conmemorado como un santo de grandes poderes. Precisamente un 24 de junio, día de su onomástica por haber sido mártir y hombre justo, nació João hace exactamente setenta años.

Vivió mucho e intensamente. Fue un niño pobre dentro de una familia numerosa, compuesta por sus padres y cinco hermanos más jóvenes que él. Desde pequeño aprendió a colaborar en el hogar: ayudaba a su madre en las labores domésticas y en el cuidado de sus hermanos menores; y a su padre, en la cría de gallinas para el consumo familiar y en la huerta, asegurándose de que nunca faltara abono o agua para las hortalizas.

Sin embargo, no le faltó educación a pesar de las estrecheces financieras. Sus padres eran conscientes de que el estudio era la llave del éxito para la vida profesional de sus hijos. Con gran sacrificio los inscribieron en escuelas públicas, donde los niños asistían a clases modestamente vestidos, pero sin que jamás les faltaran libros o cuadernos para un buen desempeño escolar.

Así, João fue el primero en completar con brillantez los cursos básicos y encaminarse a la Universidad. Cursó sus estudios por la noche, pues en aquella época ya había conseguido empleo en una casa comercial donde trabajaba a tiempo completo. Allí, gracias a su dedicación y competencia, era plenamente respetado y apreciado.

El tiempo, amigo inexorable de los vivos, pasó; y con él transcurrieron las experiencias de João, tanto las positivas como las aparentemente negativas. En un giro ambicioso, se casó con la hija del dueño de la empresa, renunciando a la joven que lo amaba profundamente en favor de esta nueva relación, más auspiciosa a su modo de ver. Fue feliz en ese matrimonio, tuvo hijos y los educó dignamente según las posibilidades que su nueva posición le otorgaba. Se había convertido en un hombre rico.

Por su parte, la joven que él había dejado también siguió con su vida profesional y se casó tiempo después. Tuvo tres hijos que solo le dieron alegrías, pues se convirtieron en profesionales de éxito: uno fue diplomático en Europa, mientras que los otros dos, ingeniero y arquitecto respectivamente, fundaron una próspera empresa juntos.

La vida, no obstante, dictó sus propias sentencias. El marido de ella falleció joven a causa de una enfermedad fulminante. Poco después, la esposa de João también murió. Desde entonces, él siguió cuidando de sus hijos sin volver a entablar ninguna relación sentimental.

Aquella joven de su juventud se llamaba Maria Dolores. Sin embargo, para sus allegados, el nombre "Dolores" había caído en el olvido; todos la llamaban simplemente Maria. Ella, como tantas otras en este mundo, vivió momentos de alegría y de profunda tristeza que, gracias a su carácter fuerte, comprendió como hechos inherentes a la condición humana.

Los años pasaron y la vejez llamó a la puerta de ambos. En un viaje largamente esperado —pese a no haberse visto ni hablado en décadas— el destino los reunió en un autobús. Por azar o providencia, terminaron como compañeros de asiento, uno al lado del otro, cruzando la frontera hacia un país vecino.

Durante el trayecto, al compartir sus vivencias, la antigua atracción renació. Al llegar a su destino, no se separaron más. Pasearon y disfrutaron de cada belleza y novedad que se les ofrecía. Eran felices y hacían planes para vivir juntos definitivamente al regresar. En aquel viaje, João calzaba con orgullo sus botas nuevas, unas que solo había podido comprar tras años de esfuerzo y que sentía como un amuleto de buena suerte.

Sin embargo, la felicidad fue efímera. Una noche, al abrir la puerta de su habitación de hotel, Maria se encontró con una hermosa mujer que le sonreía. La extraña criatura le extendió las manos y la abrazó con tal cariño que Maria, fascinada, se quedó dormida en sus brazos. En ese instante, la figura emprendió el vuelo hacia las estrellas, conduciendo el alma de la anciana y dejando su cuerpo desvanecido en el suelo para siempre.

João, desconsolado, regresó a su casa calzando aún las botas tan deseadas y ambicionadas. Al llegar, con la tristeza grabada en el pecho, sintió que aquel calzado solo le recordaba su gran pérdida.

Se las quitó y las limpió cuidadosamente; aún estaban nuevas. Caminó hasta la acera frente a su casa y, en un muro cubierto de flores, las dejó escondidas entre los pétalos. Esperaba que algún transeúnte inadvertido las encontrara y las recogiera, pensando que eran una buena adquisición. Quién sabe... quizás a otro le traerían una suerte distinta.

Sobre el autor/a

Silvia Cristina Preissler Martinson

Nació en Porto Alegre, es abogada y actualmente vive en El Campello (Alicante, España). Ya ha publicado su poesía en colecciones: VOCES DEL PARTENÓN LITERARIO lV (Editora Revolução Cultural Porto Alegre, 2012), publicación oficial de la Sociedad Partenón Literario, asociación a la que pertenece, en ESCRITOS IV, publicación oficial de la Academia de Letras de Porto Alegre en colaboración con el Club Literario Jardim Ipiranga (colección) que reúne a varios autores; Escritos IV ( Edicões Caravela Porto Alegre, 2011); Escritos 5 (Editora IPSDP, 2013) y en español Versos en el Aire (Editora Diversidad Literaria, 2022).
En 2023 publica, mano a mano con el escritor Pedro Rivera Jaro, en español y en portugués, el libro Cuatro Esquinas - Quatro Cantos.

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