Una fuente de refresco

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Celso Gonzaga Porto

Traducido al español por José Manuel Lusilla
De los recuerdos de mi infancia, me viene a la mente la historia de una antigua fuente. Estaba en la confluencia de las avenidas João Pessoa y Azenha, junto a una estatua de Bento Gonçalves, uno de los héroes de la Revolución Farroupilha, cuyo monumento fue inaugurado el 15 de enero de 1936 y colocado allí, en la Plaza Piratini, en 1941. En la década de los cincuenta, esa fuente se iluminaba por completo por la noche. Los focos instalados en el contorno interno de su estructura, dirigidos en ángulo a las boquillas que hacían brotar el agua, daban la impresión de que el agua salía en chorros de colores. El escenario es un ambiente característico del barrio de Azenha, en la ciudad de Porto Alegre, en Rio Grande do Sul. Y por allí circulaban los antiguos tranvías, transporte eléctrico sobre rieles cuya extinción se produjo el 8 de marzo de 1970 para dar paso al transporte en autobús, administrado por la Compañía Carris Porto Alegrense, la misma que administraba el servicio de tranvías desde 1872, siendo el 10 de marzo de 1908 la fecha del primer tranvía eléctrico que circuló por la ciudad. Pero volviendo a los recuerdos, me veo caminando con mis padres en el tranvía Teresópolis, cuya línea pasaba por aquella fuente. Fueron varias las veces que circulamos por allí por la noche. En mi fantasía infantil, me quedó la idea de que de esa fuente brotaba un refresco. Se lo comenté a mi padre y él intentó explicarme que no era eso lo que sucedía, diciéndome paso a paso cómo se producía aquel efecto.
No tuvo mucho éxito en su intento. En mi mente fantasiosa, se formó el sentimiento de estar siendo engañado. Probablemente, por no querer bajar del tranvía para poder saborear ese refresco. Como había varios colores, podría haber muchos sabores diferentes allí; quién sabe, limón, naranja, fresa o incluso algún sabor nuevo aún desconocido.
Los años pasaron y con ellos, la desilusión de mi fuente de refresco. La madurez me mostró que mi padre tenía razón. El agua mantenía sus características innatas de ser incolora, inodora e insípida. Todo el efecto no era más que luces artificiales proyectadas sobre los chorros de agua que brotaban de boquillas estratégicamente posicionadas de manera artística con el propósito de formar una ilusión óptica propicia para la fantasía de un niño. Nunca logré pasar caminando cerca de la fuente, pero una cosa me acompañó a lo largo del tiempo. La certeza de que, si pasara cerca, sin duda intentaría burlar la atención de los adultos y, con las manos ahuecadas, tomar un poco de esa agua que me permitiera un trago o un enjuague, para asegurarme de que aquello, realmente, no era refresco.

Sobre el autor/a

Celso Gonzaga Porto

Celso Gonzaga Porto nació en Arroio dos Ratos. Tiene formación en Ingeniería Operacional de Producción con posgrado en Diseño Industrial, especialización en Diseño de Producto y es profesor de enseñanza técnica industrial. Es autor de cinco libros en solitario y ha participado en 27 antologías. Ha recibido varios premios en el ámbito de la literatura.
Es miembro de las siguientes academias: Academia de Letras de Teófilo Otoni, Academia de Letras de Brasil - Sección RS y Academia Luso-Brasileña de Letras de RS. Es socio efectivo de la Sociedad Partenón Literario.

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