Miguel "El Peluca"

M

Pedro Rivera Jaro

Así llamaban mi padre y otros clientes de la peluquería y barbería, a mi primer peluquero y único hasta que tuve aproximadamente 28 años, edad en la que marché a vivir a Salamanca, la preciosa ciudad del Tormes.

Era Miguel natural de Nijar, provincia de Almería. Yo era muy pequeño cuando mi querida madre me llevaba para que Miguel me cortara el cabello. El ponía una tabla de madera en el asiento de su sillón de barbero, y sobre ella una banqueta en la que me sentaba. Todo el rato me repetía: “No te muevas joío”. “Estate quieto joío”. Pero los pelillos cortados a mi me picaban en las orejas, en la nariz y en el cuello. Claro no había forma de que yo me estuviera quieto.

Años después con 10 u 11 años, un día que fui a la peluquería y pedí la vez, llegó un cliente que tenía prisa y Miguel me pidió permiso para arreglarle antes que a mi. Yo le dije que también tenía prisa y me atendió a mi antes, como correspondía. Pero Pedro Gordillo, que era un chico de 14 años, que era su aprendiz, trajo unos tebeos, lo que hoy llaman Comics, que me encantaban, y que cuando ya tenía mi pelo cortado, me puse a leerlos. Y entonces Miguel me regañó, porque con los tebeos, se me habían pasado las prisas, por lo cual me dijo que no estaba bien lo que había hecho, y que se lo iba a contar a mi padre.

Cuando yo empecé a ir a la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales en 1968, y empezaron mis primeras inquietudes políticas, yo le contaba a Miguel si estábamos solos, mis carreras con la Policía Armada, a quienes nosotros los estudiantes llamábamos los Grises, las cargas a caballo con sus largas porras, y el lanzamiento por nuestra parte de todo tipo de proyectiles, que encontrábamos sobre el terreno, como piedras, ladrillos, adoquines.

Estas carreras eran muy arriesgadas, porque los policías no se cohibían de golpearnos con gran dureza, ni tampoco de llevarnos detenidos y ficharnos. Otras veces usaban unas mangueras de presión, que llevaban los vehículos-tanque , con agua teñida que nos manchaba la ropa, y si luego nos veían con la ropa teñida de azul, nos detenían y fichaban en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol ,donde hoy se ubica la Sede de la Comunidad de Madrid.

Miguel me guardaba el secreto y no se lo contaba a mi padre, que me tenía totalmente prohibido meterme en nada que no fuera exclusivamente estudiar.
Me contó Miguel que en Nijar, su padre era barbero y le enseñó el oficio desde niño. Miguel crió un pollo de perdiz que encontró chiquitito en un campo cercano a su casa, y que tenía una patita lastimada. El le curó y le vendó, hasta que la patita se curó, aunque quedó cojo de aquella lesión y por cuyo motivo le puso de nombre Romanones, dado que el Conde de Romanones, personaje muy importante de la vida política de aquella época, era igualmente cojo.

El pollo-perdiz, que era macho, creció y entonces comenzó a cantar con gran potencia. Miguel compró una jaula, en la que metió al pollo, y que colgaba de un clavo que estaba en alto, en la fachada de su casa, en cuya casa su padre tenía la barbería.
Resultó que el Sargento y Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Nijar, acudía a que le
afeitara y le cortara el cabello el padre de Miguel, y escuchando cantar al macho-perdiz se encaprichó de él y solicitó que se lo regalara. Pero Miguel tenía auténtica pasión por su Romanones y se negó en redondo. El padre sabía que no podía negarle el capricho al Sargento, y Miguel viendo que se lo iba a arrebatar, con lágrimas en los ojos tomó en sus manos su querida perdiz y delante del Sargento le cortó la cabeza con la navaja barbera y a continuación se la tiró a los pies diciéndole: ” ¡Ahí tiene usted mi pollo¡”

Todo esto ocurría antes de comenzar la Guerra Civil del 36 y Miguel huyó de su casa. A los pocos días había estallado el conflicto y él se había enrolado como voluntario de las Milicias Populares de la República y durante los casi tres años que duró la contienda, estuvo combatiendo y el 1 de abril de 1939, Franco publicó un edicto en el que decía, que todos aquellos que tuvieran sus manos limpias de sangre, podían regresar a sus lugares de origen, sin temor a represalias. Una vez que volvió a su casa, se presentó a las autoridades, y fue inmediatamente encarcelado por su pertenencia al Ejército Republicano. El me contaba todo esto y me hablaba de que fue sumarísimamente juzgado y sentenciado en los siguientes términos: “Constituidos en Tribunal Militar, debemos condenar, y condenamos a Miguel de Tal y Cual, por auxilio a la Rebelión, a la pena capital.”

Él me insistía machaconamente, que quienes se habían rebelado eran Franco y sus compañeros militares.

Miguel se pasó años en prisión, hasta que le otorgaron un indulto y fue liberado. Entonces se casó con una muchacha que iba a visitarle a la cárcel siempre que se lo permitían, y que le llevaba ropa y alimentos. Me contaba que se prometió a si mismo, que si un día le liberaran, se casaría con ella. Y así lo hizo, y con ella tuvo una hija, que yo recuerdo. Muy guapa, ya que tanto la mamá como el papá eran muy bien parecidos.

Lo último que recuerdo de Miguel, fue a raíz de la muerte de Franco, en Noviembre de 1975. Fui a su peluquería para que me cortara el pelo, y lleno de una alegría exultante, que le brotaba de los ojos me dijo: “Pedrito, que se joda, que se ha muerto antes que yo” pero lo más importante que recuerdo, ocurrió unos días después del atentado de Enero de 1977 perpetrado por extremistas de derecha contra los abogados laboralistas de un despacho situado en la calle de Atocha, próximo a la plazuela de Antón Martí, donde hoy existe un monumento, en recuerdo de las víctimas de aquel terrible atentado. Un puñado de clientes de la peluquería, que empezaban a manifestarse de izquierdas, asistieron a una importante demostración, de muchos millares de personas, por las calles de los barrios más céntricos de Madrid, en protesta por aquellas muertes y como un grito que significaba ¡BASTA YA¡.

Ese fue el punto de inflexión de la España de Franco, con la España Democrática de la Monarquía Parlamentaria de Juan Carlos de Borbón, que llegó de su mano, y que dio origen a la creación de La Constitución Española, con la aportación de la mayor parte de las tendencias políticas que habían vuelto a renacer.

Sobre el autor/a

Pedro Rivera Jaro

Nació el 24 de febrero de 1950 en Madrid, España. Jubilado con estudios de Empresariales, Marketing y Logística. Dedicado por afición a la narrativa y poesía. Jurado en el Concurso Cultural FECI/INTE, participante en el Libro Versos en el Aire, con el poema ¿A dónde va?
Concurso Villa de Lumbrales XXII, de la Asociación de Mujeres.
Concurso de Editora Ex Libric, con el trabajo 48 Palabras.
En 2023 escribió, mano a mano con la autora Silvia Cristina Preysler Martinson el libro, en español y portugués, Cuatro Esquinas - Quatro Cantos.

Síguenos