Piensa mal y acertarás

P

Pedro Rivera Jaro 

Si algo he aprendido a lo largo de mis 74 años de vida, ha sido a desconfiar de políticos, y por añadidura, de gobernantes de cualquier signo político.

Recuerdo que siendo un niño, me contaba un señor anciano, de cabellos y bigotes blancos, que cuando la guerra de independencia de Cuba, la intervención oficial norteamericana comenzó por el estallido e inmediato hundimiento del acorazado Maine, perteneciente a los Estados Unidos de Norteamérica, estando fondeado en la bahía de La Habana, en aguas de Cuba.

Esa fue la excusa, o el detonante para intervenir sin tapujos en la guerra de España con los independentistas mambis de Cuba. Y ya de paso se sumaron Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam a la insurrección y posterior influencia norteamericana sobre esos territorios.

Todos conocemos la situación política posterior de todos estos territorios, donde los Estados Unidos tuvieron predominio, exceptuando Cuba, donde les salió la paloma cuco, y en la que desde los primeros años cincuenta, Fidel Castro y sus guerrilleros en Sierra Maestra se apoderaron de la Perla del Caribe, y ahí siguen con su régimen comunista.

Los estadounidenses ocuparon Guantánamo en 1898. Legalizaron esa ocupación en el Tratado USA-Cuba de 1903, consiguiendo jurisdicción, pero conservando Cuba la soberanía definitiva.

La realidad era que a España no le interesaba provocar al gigante norteamericano, pero pudo ser organizado por los independentistas cubanos, con objeto de soliviantar la opinión pública americana y promover la intervención norteamericana en el conflicto.

El propietario del diario The World y de otros muchos periódicos, William Randolf Hearst, había visitado el Maine cuatro días antes de su hundimiento.

Después de la explosión, se comprobó que no había peces muertos alrededor, o sea, que no había indicios de explosión exterior. La explosión fue interior y producida por un accidente originado por la combustión espontánea de carbón, que se trasmitió a la pólvora negra que formaba parte de la carga, y también a la munición, provocando la explosión y el inmediato hundimiento del acorazado.

En 1975, un equipo de expertos dirigido por el Almirante Hyman Rickover, creador de la Marina de Guerra Nuclear, concluyó que la explosión fue interna y que los oficiales del barco no obraron con las debidas cautelas. Hubo otros investigadores que llegaron a igual conclusión.

Dicho lo cual, y refiriéndonos ahora al conflicto generado por el ataque de Hamás , ¿cómo puede ser que entre un contingente armado, en territorio israelí, que está fuertemente militarizado y con gran preparación de reacción ante ataques terroristas, y actúen libremente sobre una multitud de miles de jóvenes asistentes a un gran espectáculo musical? ¿No había ninguna vigilancia que pudiera reaccionar?.

Asesinar a 1.200 personas y cientos de heridos y secuestrados, sin encontrar resistencia en el mismo país que hace pocos días, ha reaccionado al lanzamiento de 300 misiles y drones, consiguiendo su destrucción, casi al 100%., ¿es posible creerlo sin mantener un mínimo de desconfianza?

Al menos deberíamos de pensar los que tengamos un gramo de cerebro. La prensa y demás medios, son convenientemente silenciados por el poder político, y hábilmente dirigidos hacia donde conviene a los que mandan.

Siempre ha sido así, sigue siendo y seguirá por los siglos de los siglos, mientras que el hombre sea hombre.

¿A quien conviene todo lo que está pasando en Oriente Medio?

Sobre el autor/a

Pedro Rivera Jaro

Nació el 24 de febrero de 1950 en Madrid, España. Jubilado con estudios de Empresariales, Marketing y Logística. Dedicado por afición a la narrativa y poesía. Jurado en el Concurso Cultural FECI/INTE, participante en el Libro Versos en el Aire, con el poema ¿A dónde va?
Concurso Villa de Lumbrales XXII, de la Asociación de Mujeres.
Concurso de Editora Ex Libric, con el trabajo 48 Palabras.
En 2023 escribió, mano a mano con la autora Silvia Cristina Preysler Martinson el libro, en español y portugués, Cuatro Esquinas - Quatro Cantos.

Síguenos